lunes, 7 de marzo de 2011

¿Nuevas Dependencias?

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“La dependencia a los teléfonos celulares se está convirtiendo en una adicción", señala un estudio realizado por un grupo de investigadores japoneses. ¿Adicción? El estudio explica que, "al parecer, numerosos jóvenes consideran el teléfono una extensión del cuerpo y se desesperan si no lo tienen consigo". Por temor a quedar aislados, lo llevan encendido en todo momento y a todas partes. Si "no reciben ningún mensaje, se agitan e irritan, y comienzan a creer que nadie los necesita". Tal desasosiego hace que respondan al instante a todo mensaje de texto que aparezca en la pantalla, lo cual no suele ser necesario.

Claro está, los teléfonos celulares tienen sus ventajas. En situaciones de emergencia, por ejemplo, han resultado sumamente útiles. Y hasta el uso en circunstancias normales no es malo de por sí, siempre y cuando se emplee de forma razonable. Pero algunos expertos afirman que la "adicción" al celular podría perjudicar las habilidades naturales que facilitan la comunicación. A una profesora de secundaria de Osaka le preocupa que "los alumnos estén perdiendo la capacidad de interpretar las expre­siones faciales, la conducta y el tono de voz de los demás, lo que ha generado un aumento en la agresividad infantil, junto con una indiferencia hacia los sentimientos ajenos".

El estudio concluyó así: "Parece inevitable que en el futuro aumente la dependencia de los “menores” a los celulares. La única forma de reducir los efectos negativos de esta tendencia es asegurarse de que los adultos den a los más jóvenes un buen ejemplo al respecto"…

Aunque conozco adultos completamente dependientes y adictos. Ahora todo mundo anda con un Blackberry en línea, vaya ejemplo…¬¬

ACTUALIZACIÓN

Mientras íbamos con mi amigo Federico hacia la pizzería, donde nos encontraríamos con tres amigos más, su celular sonó en cuatro oportunidades.

Fueron dos llamados y dos mensajes de su novia que por supuesto tuvo que detenerse para responder en un lapso de veinte minutos porque de lo contrario “ella se pone mal”.

Al atender el último llamado él responde “Bien… bien…” seguramente como devolución de su pregunta ¿Cómo estás?

“¿Y cómo va a estar si hace cinco minutos estaba bien?”

Luego siguieron unos “sí… sí…”. No quise hacer el esfuerzo de pensar a que respondían esos “sí… sí” para evitar que se me fuera el apetito.


Por otro lado suelo escuchar hombres que dicen refiriéndose a sus parejas:

“Hoy a la tarde no me mandó ningún mensaje.”

“Le mandé dos mensajes y no me respondió.”

“Con mi novia tenemos línea gratuita y a veces hablamos por teléfono y nos quedamos callados porque no tenemos de que hablar.”

“Se enojó porque hoy le mandé solo tres mensajes.”


A veces me pregunto como hicieron mis padres para mantener su largo noviazgo y permanecer casados hasta ahora cuando en aquella época casi ni teléfono de línea había. Y si alguien les hubiera intentado explicar algo sobre telefonía celular o Internet no habrían entendido absolutamente nada.


La dependencia que pueden llegar a tener tanto hombres como mujeres al permanente contacto, a saber del otro, a confirmar que la otra persona está pensando en ellos, a “controlar” lo que está viviendo su pareja, es impresionante.


En mi opinión el próximo DSM (Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales) debería incluir un nuevo apartado llamado “Trastornos del enamoramiento” en el que debería aparecer la “celu-dependencia” y toda su sintomatología.


Recuerdo otra oportunidad en la que un hombre me preguntó muy seriamente: “Estoy empezando una relación.. ¿Cuál es la cantidad de mensajes indicada para enviarle por día? ¿Diez?... no… diez es mucho, verdad?... cuatro… no... cuatro es poco…”

El tipo hablaba y solito iba sacando sus conclusiones con un gesto de preocupación similar al de un cocodrilo en una fábrica de carteras.

Yo sólo atiné a responderle “Y… depende…”


A mí amigo le terminé pidiendo que por favor apagara el celular porque de lo contrario en lugar de llegar para almorzar íbamos a terminar cenando.

-¿Estás loco? Le llego a apagar el celular a Sofi y se muere.


“¡Que se muera, por favor!” pensé. Y si bien no lo dije calculo que se notó.


¿Será que la falta de seguridad de algunas personas encuentra hoy en las nuevas tecnologías de comunicación un terreno fértil para desarrollarse y hacerse más evidente?


¿Será que la tecnología en algunos casos es la responsable y creadora de esas inseguridades?


¿Será que las personas estamos más necesitadas de afecto y nos hacemos adictos a la demostración de interés constante?


¿Qué será?

por Fabio

VE: http://www.icreativasa.com/hogaryfe/celular.htm

http://ar.blogs.mujer.yahoo.com/entre-amigas/

1 comentario:

Larry dijo...

Pues a mi me cuesta 10000000000000000000 ardillas entender los labios xD